Traducí mis textos

A veces lo sabios no enseñan a besar. Se quedan sentados sobre el Sol y simplemente te miran. Los que siempre se enamoran no los pueden ver, entonces son ellos quienes detrás de los edificios salen a correr a otros menos enamorados que los primeros, y así hasta que vuelve la noche y los sabios se acuestan sobre las  cúspides de las iglesias.