Traducí mis textos

Nunca aprendí historia porque sólo me comía las fotografías que parecían en los libros. Las cortaba y las masticaba lento, ante ese sabor de tinta y papel barato. Las tragaba sin agua y era amargo, porque sabía que nuestra época no se vería impresa en ningún libro. En mi estómago se desataban terribles guerras y pactos inmorales. Todos acababan igual. Ahora pensar en lo que pudo haber pasado si hubiese dejado tales fotografías sobre la página impresa me excita como la disolución de dos caramelos chupados entre el libertinaje y la saliva, así, de esa manera.