Cuando unos labios amenazan con devorarme el corazón, enciendo la señal de alarma y escapo en otra dirección.
Traducí mis textos
No era rubia como las actrices de Hitchcock ¿Y qué más daba? Tenía el mismo aspecto de mujer torturada. El agua salpicaba el suelo de la ducha mientras purificaba el cuerpo vejado. Me quedé muda. No sabía qué decirle. Todos sus golpes eran mi propio dolor y no tenía claro si deseaba acuchillarla o besarla. Ni una cosa ni otra, supongo. Al menos, nada de inmediato
En la soledad de otro domingo más, y quizá tras el trago demasiado rápido de una de las últimas botellas, hizo del sombrío domingo un momento distinto.