Traducí mis textos



Me hundía en secas plegarias, como si el cielo raso no bastase y necesitara de una o dos horas más para divisar la luna. Se inclinó como si fuese a besar mi escote, aquel lunar en mi clavícula que se veía plácido durmiendo en el reflejo de sus ojos. Ya estaríamos, para entonces, acostadas una sobre la otra después de hacer el amor. Demás está decir que hace varios otoños que nadie nunca mira mis lunares.Tendría que haberla besado.