Cuando unos labios amenazan con devorarme el corazón, enciendo la señal de alarma y escapo en otra dirección.
Traducí mis textos
Anhelo tus oscuros pasadizos y tus lágrimas. Extraño cómo a la noche tu voz repiqueteaba incoherente en el teléfono, y antes de cantarte porque me aturdía tu dulzura te cantaba un poema inventado. Y la vida era estupenda, lo único que tenía que hacer era ser escritora y quedarme por ahí, mirándote. A veces perfumabas mi almohada ( casi siempre mi " a veces" se tornaban semanas, semanas con tus manos juntos a las mías y sin rozarlas siquiera) con una risa tenue suave, y cuando duermo suelo dejarla, ahí, para tratar de no olvidarme cómo reías.