En aquellas noches en las que parece que no tenés a nadie, en las que cualquier luz ajena parece más fuerte y cálida que la tuya, me voy a acercar a tu ventana y a decir que el mundo no es un buen lugar para quedarse. Y haremos jazz con nuestros cuerpos, buscando inspiración en las sombras que se reflejen en la pared, en el aire que entre por la ventana.